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La tupungatina (Tonada)

Títulos alternativos: El martirio
Letra y música: Cristino Tapia
15-6-1921

Voz: Dúo Gardel-Razzano

Orquesta: quita

Guitarras: José Ricardo, Guillermo Barbieri

Estudios Odeon, Buenos Aires

Sistema Acústico

Fecha Matriz 78 rpm CD / Vinilo
1921 556
18037-A
139819
Todo Gardel - Vol. 6

La tupungatina

Ya me voy para los campos, y adiós,
a buscar yerbas de olvido y dejarte,
a ver si con esta ausencia pudiera
en relación a otro tiempo olvidarte.

He vivido tolerando martirios,
y jamás pienso mostrarme cobarde,
arrastrando una cadena tan fuerte...
hasta que mi triste vida se acabe.

Cuando haya cerrado el tiempo mis penas,
no hay mal que por bien no venga, aunque tarde.
Cuando no haya tierra, ni aguas, ni cielo,
se acabarán mis tormentos cobardes.

La autoría de este popularísimo tema se atribuye al cantante y autor musical Cristino Tapia, quien la registró en Sadaic en 1946. No obstante, prestigiosos investigadores de la región cuyana, como Juan Draghi Lucero y Alberto Rodríguez la ubican, a través de testimonios y trabajo de campo, dentro del Cancionero Popular Anónimo. Según algunos autores, ya se cantaba en la zona de Cuyo, en Chile y en Perú en el siglo XIX.

La letra se halla recogida en las obras completas del poeta peruano Mariano Melgar (1790-1815), aunque su atribución a este autor se indica como dudosa, lo cual podría indicar un origen anterior. A continuación incluimos el poema de Mariano Melgar:

Algún día querrá el cielo

Algún día querrá el cielo
Tirano,
Que mis continuos tormentos 
Se acaben,
Y se cumpla aquel adagio
que dice:
“No hay mal que por bien no venga 
Aunque tarde”.

Lágrimas mis tristes ojos
Derraman,
Porque ellos se han convertido
En mares;
Y mi pecho en un abismo
De penas,
En donde solo se encuentran
Pesares.
He de vivir tolerando 
Martirios,
Hasta que mi triste vida
Se acabe;
Y cuando mi amor no tenga 
Delirios,
Recordaré tu crueldad
Cobarde.

Ya me voy por esos montes, 
Adiós,
A buscar yerbas de olvido, 
A dejarte,
Que quizá viéndote ausente 
Podré,
Con la dilación del tiempo, 
Olvidarte.

En Chile se han encontrado grabaciones anteriores a la de Gardel-Razzano que se remontan hasta 1910. Allí se conoce como El martirio. Como tonada resulta una excepción, ya que suelen estar escritas en versos octosílábos, mientras que los versos de La Tupungatina son endecasílabos.

En Argentina su origen se rastrea hasta las provincias cuyanas de San Luis y, principalmente Mendoza, ya que allí se ubica la localidad de Tupungato, de donde deriva el gentilicio que da nombre a la canción. También se conoce con el título de La tirana.

En 1952 Osvaldo Pugliese, a quien este tema producía una profunda emoción, encargó a su bandeonista y arreglador Roberto Héctor Peppe la adaptación de La Tupungatina a tiempo de tango. Peppe murió trágicamente antes de la histórica grabación por la orquesta de Pugliese.

Como muestra de la gran vitalidad de este tema, a mediados de los años 50 el músico colombiano Noel Petro hizo una reinterpretación de La Tupungatina esta vez como Vallenato, rebautizándola con el título Cabeza de Hacha. La creación de Noel Petro tuvo un éxito clamoroso en Venezuela y otros países. Cabeza de Hacha ha sido versionada numerosas veces, entre otros por Pedro Laza, Rubén Blades o Diomedes Díaz.

Versiones:

El martirio (tonada) - Los Cuatro Huasos (1927)

La Tupungatina (tango) - Orquesta Osvaldo Plugiese, 1952.

La Tupungatina (zamba) - Jorge Cafrune, 1965.

Cabeza de Hacha (vallenato) - Noel Petro